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EL SEXTO HÉROE

Palabras de  Ricardo Alarcón en Homenaje al abogado Leonard Weinglass
ICAP, Marzo 26, 2011

Compañeras  y compañeros:
En estos mismos momentos, deben estar reunidos allá en Nueva York, en la vivienda de Leonard Weinglass, sus amigos  y compañeros más cercanos, en un apartamento que, sin exagerar, es la mitad del espacio que va desde este micrófono hasta el compañero que está de pie allí. Ahí fue donde vivió una persona que pudo haber vivido en la opulencia, que pudo  haber ganado mucho dinero, como suele suceder con los abogados cuando defienden a los poderosos, cuando cobran muy bien cobrado sus horas de servicio. En ese apartamento, que allá también llaman estudio, apartamentos de una sola habitación, donde estaba su cama, su mesa de trabajo, su máquina de escribir, su teléfono y las cosas elementales que son necesarias para la vida humana, sin embargo era un hombre muy feliz, no creo que nunca haya pensado en mudarse para un lugar diferente.
Ustedes vieron en la pequeña porción de la entrevista que le hizo acá en la televisión cubana el compañero Miguel Álvarez y que espero que se vuelva a retransmitir la semana próxima, que Weinglass dijo algo, que yo he mencionado otras veces, que para él era un honor, un privilegio, ser uno de los integrantes del equipo de defensa de los cinco compañeros. Quisiera destacar ese aspecto para que se comprenda la dimensión, la trascendencia, la significación de lo que él hizo como abogado.
Weinglass se incorporo a esta batalla después que tuvo lugar el juicio de Miami en el cual el no participó, un juicio que, como se ha dicho muchas veces, fue el más largo de la historia de Estados Unidos, uno de los más complicados. Yo les aseguro a ustedes que no es nada fácil contratar a un abogado para que se incorpore a un caso cuando ya éste se encuentra en la fase de apelación, sin haber participado de modo alguno en la etapa anterior, la etapa sustantiva, además sin poderle pagar mucho dinero. 
En el año 2002, después que fueran sentenciados los compañeros, comenzó la batalla de movilización de la opinión pública, de divulgación, de explicación y paralelamente el proceso apelativo. Yo recuerdo que conversamos con mucha gente, amigos del sector jurídico norteamericano progresista, capaces de apoyarnos en esta lucha y además que tenían alguna información al respecto. El consenso unánime era que hacía falta buscarse un buen abogado. Por aquellos días Weinglass vino a la Habana y le propusimos que se incorporase al equipo de defensa. Por razones de salud a uno de los abogados originales, -recuerden que ellos fueron defendidos por abogados de oficio, designados por el tribunal, que todos ellos tenían otras funciones, otras tareas y este era apenas un caso más, -se le dificultaba continuar defendiendo  a su cliente, el compañero Antonio Guerrero, y entonces se tomó la decisión de sustituirlo.
Se lo propuse a Leonard Weinglass y él me dijo lo mismo que repitió después en la entrevista. Él no me dijo me tienen que pagar tanto, o tengo que ver como resuelvo porque tengo otros casos, él prácticamente dejó todo o casi todo aquello que lo ocupaba en ese momento, casi todo porque siguió siendo el representante legal de una compañera que se encuentra ahora en libertad que es la hija de quien fue su jefe y mentor, Leonard Boudin.
Lo único que me dijo fue: “para mí es un honor, ustedes me están brindando un gran honor al haber pensado en mi”. En realidad nosotros no fuimos los primeros ni los únicos que pensamos en él. Por aquellos días también se apareció por la Habana una compañera dirigente política afroamericana con la que discutimos el caso, Ella me dijo:  “Ricardo estos muchachos necesitan desesperadamente alguien que los defienda”. En Estados Unidos, hay que buscar a un abogado, porque un abogado no es sólo el que presenta papeles, es también el que va a un acto el que da una conferencia, el que explica, el que trata de convencer, tiene que ser el que hable en lugar de sus representados, que generalmente no pueden hacerlo y eso francamente unido a la decisión política de ocultar el caso ha hecho muchísimo más difícil la divulgación que es indispensable para poder organizar un movimiento político que los libere, que va a ser la única solución para este problema.  “Necesitan a Lenny” fue  lo que ella me dijo. Le expliqué que casualmente hacía unos días yo había hablado con él y se lo había propuesto, y a esa mujer afroamericana se le fue iluminando el rostro y una gran sonrisa se lo cubrió, porque estaba convencida y así me lo dijo: “Ahora si ganamos”.
Porque lo que hacía falta era eso, hacía falta que Lenny asumiera, que se metiera en esta batalla en la forma en que lo hizo, no solamente con los argumentos legales, con el trabajo profesional típico de un letrado, sino sobre todo en la calle, mas allá de las salas del tribunal, para tratar de llegarle a la gente, a la opinión pública, que es donde hemos enfrentado y seguimos enfrentando el mayor obstáculo, el que hasta ahora ha determinado la suerte de este caso. Pero ese hombre, que tuvo que comenzar leyéndose decenas  de miles de páginas, no solamente de las actas del tribunal, sino también no se qué cantidad de documentos, mociones, testimonios, etc., para poder entender y comprender algo en lo que él no había estado presente, le dio una solución muy importante a esta lucha. Él fue el que encontró los argumentos para apelar el caso ante la corte de Atlanta, el que redactó esa petición a nombre de los Cinco, porque él siempre fue el abogado de Antonio, pero también de Ramón, René, de Fernando y de Gerardo, de todos ellos y no nos cobró lo que hubiera cobrado cualquier abogado de este mundo por defender a uno solo de esos compañeros.
Yo debo decirles que prácticamente nosotros lo que hacíamos era pagarle los gastos que significaban para él asumir esta labor, digamos cuando se trasladaba a dar alguna conferencia, a participar en un congreso, cuando iba a Washington o a California para hablar en un mitin, de todos esos gastos nos mandaba las descripciones mas meticulosas y si algo teníamos que discutir con él  constantemente era para que gastara más, para que no se alojara en moteles tan humildes, tan incómodos, para que no viajara en los medios de transporte más baratos, porque queríamos , por interés incluso hasta de la solidaridad, tratar de salvarlo, de ayudar a que él estuviera en las mejores condiciones para cumplir su misión más importante.
Lenny no fue a morir en Nueva York a uno de los grandes hospitales, con tecnología muy avanzada, donde van las personas de clase media alta para arriba, los abogados, él fue al hospital clásico del Bronx, al hospital de los negros, los puertorriqueños y estaba de lo más feliz cuando nos comunicó que iba a ingresar en el Centro Médico Montefiori. Pero para que llegara a entrar ahí hubo que seguir peleando y discutiendo mucho con él. La terrible enfermedad que tenía se le descubrió aquí en la Habana, donde él estaba en una reunión, una reunión que empezó por la mañana y duró hasta ya avanzaba la noche y entonces fue que él confesó que se sentía muy mal.  Entonces lo llevamos para el Hospital, más tarde regresa acompañado por el médico que lo había examinado, quien me dice que este hombre estaba muy, muy grave, que había que operarlo con toda urgencia. Pero Lenny se negó a quedarse en el hospital, porque tenía que reunirse al día siguiente en la mañana con Adriana Pérez y dijo: “No, mientras no me reúna, yo no voy a ningún hospital ni hago nada, porque yo quedé en eso con ella y eso es muy importante”. Negociamos con él: “Correcto, te reúnes con Adriana pero sales de la reunión para el hospital para que te hagan las otras pruebas para poder confirmar el diagnóstico”. Así lo hizo, entonces después quien me vino a ver fue el director del hospital, para decirme: “Ricardo, es una responsabilidad muy grande el que este hombre salga del hospital y vuelva a Nueva York, pero él dice que se va”. ¿Y porque él dice que se va? Porque había quedado con Gerardo en hablar por teléfono, de su teléfono en Nueva York, porque estaba dando los últimos pasos en la etapa más reciente de la apelación de Gerardo. Dijo “No, yo me voy para allá” y se fue.
Llegó a Nueva York y tratamos de seguir monitoreando en la distancia cómo hacía las cosas e insistiéndole, “acaba de meterte en el hospital”. No lo hizo hasta que tuvo resuelto lo de la presentación del memorando de Tony. En el hospital confirmaron el mismo diagnóstico, todavía peor, porque encontraron que ese tumor de 8cm que le diagnosticaron aquí, ya había hecho metástasis  en el hígado ubicado en el páncreas, y cualquier médico puede decir que eso es mortal. Inmediatamente, lo operaron con la intención de extirparle el tumor pero tuvieron que cerrarlo, los médicos norteamericanos llegaron a la conclusión de que no había nada que hacer.
Desde entonces él estuvo soportando el cáncer, no solamente el más peligroso y mortífero, sino el más doloroso según me han dicho especialistas del tema. Si se visita el sitio que sus amigos crearon para recibir los mensajes de solidaridad durante su estancia en el hospital, ahí van a ver la última foto posiblemente que se le tomó en vida, lo van a ver ahí en la unidad de cuidados intensivos y lo van a ver estudiando los papeles correspondientes a Gerardo y a Tony. Cuando lo que le quedaban eran minutos prácticamente para la fase final, lo que estaba haciendo era ocupándose de la defensa de nuestros compañeros.
Menciono todo esto porque yo creo de verdad, si somos serios, que el momento es para tratar de imitarlo, porque todos debiéramos aplicar aquello de Silvio, de ser “mucho menos egoístas”, de entregarnos un poquitico más, ver qué cosa práctica podemos hacer, que lección, que mensaje podemos sacar de la conclusión de esta vida tan admirable como fue la de Lenny.
El caso Ramírez, del que ya casi nadie habla, que ya casi ni se menciona, no existe. La propaganda mediática enemiga logró disolverlo como les hacía falta. Recuerden que los compañeros fueron condenados y sentenciados en el 2001, recuerden que uno de los argumentos que la defensa había usado desde el principio y por la que habían peleado aquellos abogados de oficio desde el comienzo, era lograr que la sede del juicio no fuera Miami, que se trasladara para otro lugar para evitar los prejuicios y el ambiente hostil que prevalecen en esa ciudad.
En el año 2002, al año siguiente de la condena de nuestros compañeros, el gobierno norteamericano pidió que cambiaran la sede de un juicio que había interpuesto el señor Ramírez, funcionario del servicio de Inmigración, contra la directora de ese servicio, que no se hiciera ese juicio en Miami porque en Miami era imposible realizar un juicio equilibrado, imparcial, justo, en algo relacionado con Cuba. El gobierno de Estados Unidos, el mismo gobierno que estuvo exigiendo que el juicio de los cinco tuviera lugar en Miami, diciendo que ese era el lugar ideal, perfecto, cosmopolita que no había problema ninguno, como si secuestrar a un niño de seis años fuera algo natural, ahora solicitaba cambio de sede para un caso relacionado de forma indirecta precisamente con el secuestro de Elián González.  Ramírez demandaba a la directora de inmigración por haber sido objeto de discriminación en su empleo durante el proceso de devolución de Elián a su papá. Explico esto para que se tenga una idea de que ni siquiera una diferencia laboral se puede discutir en Miami si se relaciona con Cuba.
Ese caso se resolvió, negociando el gobierno con el señor Ramírez, pero sirvió como antecedente, como el fundamento que Lenny usó para probar la prevaricación del gobierno norteamericano, su mala conducta: La ciudad que era un paraíso para juzgar el caso de los Cinco se convirtió en el infierno cuando era ese gobierno quien tendría que enfrentar a un tribunal.
El tribunal de apelaciones de Atlanta sí comprendió los argumentos de Weinglass, y en el año 2005 alcanzamos un fallo histórico, que también los medios se han encargado de hundir en el olvido.  Los tres magistrados del panel de Atlanta por unanimidad dijeron que en esa ciudad era imposible hacer un juicio justo a estos compañeros, dijeron que en Miami se había dado “la tormenta perfecta” de prejuicios y hostilidad contra esos acusados y en consecuencia declararon nulo y sin valor ese juicio.  Los tres jueces anularon las condenas y las sentencias sin una voz discrepante.
En el sistema norteamericano ese es el final de una apelación, teóricamente se le puede pedir al pleno del tribunal que revise lo que tres de sus jueces han decidido pero eso es sumamente raro que ocurra, más raro aún cuando se trata de una decisión unánime, no hubo discrepancia entre los tres jueces, los tres dijeron lo mismo, sin un matiz de diferencia. Para los tres había sido “una tormenta perfecta”. Imagínense ustedes si todas las apelaciones pasaran por los dos escalones el trío de jueces y después el pleno, en la práctica todas las  apelaciones fueran vistas por todos los jueces de Estados Unidos, por eso es que la ley norteamericana establece que como norma el gobierno no cuestiona los fallos de los paneles de las Cortes de Apelaciones, salvo que haya razones de excepcional importancia. Bueno en este caso aparentemente las tuvo el fiscal general de Estados Unidos, del cual ya casi ni se habla, aquel famoso Alberto González, que fundamentó teóricamente y justificó las torturas , que justificó la prisión de Guantánamo y las torturas allá en Afganistán. Ese hombre cuestionó y presionó para lograr que una mayoría de los miembros de la Corte de Apelaciones echara abajo lo que sus tres colegas habían determinado, algo completamente inusitado en la historia legal de los Estados Unidos.
Pero siguió la batalla en Atlanta, siguió el proceso después hasta el Supremo. Hubo una bifurcación porque se consiguió al menos que la Corte de Apelaciones reconociera que había sido injusta y excesiva la sentencia impuesta a tres de los compañeros Ramón, Antonio y Fernando y decretaran un proceso de resentencia, en el cual Lenny logró algo muy importante que fue quitarle a Tony la cadena perpetua que tenía. Cualquier día que le pongan de prisión a Tony o a cualquiera de ellos es injusto, pero al menos le quitaron de encima ese terrible peso de estar toda la vida en prisión.
Quería destacar esa contribución de Leonard Weinglass, el caso Ramírez, la victoria en la corte de apelaciones de Atlanta en el 2005. Después, en la etapa más reciente de esta lucha, él se ocupo especialmente de algunos temas que yo he mencionado en otras ocasiones pero que siempre han encontrado el silencio mediático como respuesta.
Ustedes saben que el cargo peor que enfrenta Gerardo Hernández Nordelo es nada más y nada menos que conspiración para cometer asesinato en primer grado, que significa asesinato con premeditación y alevosía. Es fundamental lograr que en alguna etapa del proceso legal se reconozca que eso es falso. Que esa acusación es falsa no hay la menor duda, está más que demostrado  y lo vamos a seguir demostrando. Gerardo no tuvo absolutamente nada que ver con el incidente del 24 de Febrero de 1996, en el cual perdieron la vida cuatro personas como consecuencia de las provocaciones de grupos terroristas de Miami contra Cuba.
En aquella ocasión el gobierno norteamericano dijo que el incidente había ocurrido fuera del espacio territorial cubano. Como eran aviones de matricula norteamericana y el incidente había ocurrido, supuestamente, en aguas internacionales, lo que la ley norteamericana reconoce como jurisdicción especial de los Estados Unidos, un tribunal norteamericano tiene jurisdicción para juzgarlo. Pero no tienen ninguna autoridad para hacerlo si el hecho ha ocurrido fuera de la jurisdicción de Estados Unidos.
Entonces una parte muy importante de la discusión era dónde había tenido lugar el incidente. Desde el juicio, que culminó hace diez años, se presentaron dos puntos de vista: los que decían que los radares cubanos lo mostraban dentro del espacio territorial cubano y los que decían que eran informaciones contradictorias, discutibles, que había sido muy cerquita de Cuba pero de el lado de allá. En medio de aquello, un experto norteamericano hace una observación interesante: “¿por qué no buscamos la imagen de los satélites? Las informaciones de los radares discrepan, hay diferencias entre lo que dicen los radares cubanos y los norteamericanos, pero bueno, allá arriba tenemos montones de satélites  de Estados Unidos que están registrando y tomando imágenes de todo eso, seguramente tienen que tenerlo, ¿por qué no buscan esa imagen y ya?”.
La defensa hizo suya esa posición y le pidió al tribunal que se lo solicitara a la NASA. El gobierno, fíjense que cosa más curiosa, el gobierno que es el dueño de esas imágenes dijo que no, se negó a que esas imágenes fueran mostradas, fueran presentadas y la jueza, que muchas veces sentía especial inclinación en coincidir con el gobierno, le dio la razón y no se presentaron las imágenes. Desde entonces la defensa de Gerardo Hernández ha estado solicitando que sean presentadas esas imágenes , no son imágenes de la fuerza aérea cubana, no son imágenes del gobierno cubano, son imágenes del gobierno de los Estados Unidos, que sólo ellos han visto , pero que se han negado a que las pueda ver un tribunal. Todavía están enfrascados en algunos intentos administrativos y judiciales para ver si se obliga a las autoridades a presentar esas evidencias.
Hoy estamos reunidos aquí un grupo de personas inteligentes, no creo que haga falta pedirles a ustedes que hagan un gran esfuerzo intelectual para preguntarse, por qué el gobierno de Estados Unidos se niega a que alguien pueda ver las imágenes que tomó una agencia federal de Estados Unidos sobre el lugar del incidente del 24 de Febrero. Me atrevo a sospechar que es porque esas imágenes no prueban la posición norteamericana sino la cubana, sino, ¿para qué las han mantenido ocultas por quince años, porque el incidente había ocurrido cinco años antes de la culminación del juicio de los compañeros.
Lenny dedicó mucho tiempo en los últimos años de su vida a orientar, a asesorar, a ayudar a varias organizaciones norteamericanas que llevan rato reclamando a esas agencias norteamericanas y al gobierno federal, incluyendo en los tribunales, que sencillamente muestren esas pruebas que tienen escondidas. Son quince años en los cuales la propaganda norteamericana no se ha cansado de decir que el incidente ocurrió en aguas internacionales, pero nadie se ha tomado el trabajo de recordarles que llevan quince años ocultando esas imágenes satelitales. Ese es uno de los elementos que está contenido en el Habeas Corpus  que se presentó a favor de Gerardo y al cual Weinglass le dedicó mucho tiempo.
El otro elemento tiene que ver con “la tormenta perfecta” , o sea con el ambiente creado en Miami de hostilidad, de odio, de prejuicios contra esos cinco acusados. A lo largo del juicio hubo montones de momentos en lo que se produjeron incidentes que involucraron a los llamados medios periodísticos de Miami. Ahí están las actas. Hubo momentos en que la jueza le dijo a la fiscalía que los miembros del jurado estaban atemorizados, que sentían miedo de esos llamados periodistas que los perseguían con sus cámaras, que iban a filmar las chapas de sus automóviles para mostrarlas por televisión,  y así ubicar quién es el jurado, dónde vive, cómo se llama, dónde trabaja. Los persiguieron incluso por los pasillos del edificio del tribunal, la jueza le rogó al gobierno norteamericano, o sea a la fiscalía, que por favor hiciera algo para que eso no continuara. Ella no declaró nulo el juicio, no ordenó la libertad inmediata de los cinco acusados y el fin de toda esa farsa, que era lo que debió haber hecho, pero al menos se quejó.
Lo que nadie sabía , ni la jueza , ni los acusados, ni  sus defensores era que toda esa campaña, toda esa labor delincuencial de los llamados periodistas de Miami era articulada, armada, pagada por el gobierno federal de Estados Unidos de América , lo que significaba otra razón más para declarar nulo y sin valor el fraudulento proceso.  Eso se descubrió en el año 2006, después que había pasado la etapa de apelación cuando ya lo que nos quedaba era solamente la apelación colateral.
En el 2006 aparecen las primeras pruebas de esta actividad, están ahí en el documento firmado por Weinglass y que fue presentado para apoyar el Habeas Corpus de Antonio Guerrero: cuarenta  mil dólares al señor Montaner, veinticinco mil a no sé quien, veinte mil a otro, diez mil a este al otro, esto es solamente una parte de lo que se ha demostrado, pero se sabe  que hay el doble de personas involucradas en esos pagos.  Quienes lo descubrieron, algunos compañeros y compañeras de la solidaridad en Estados Unidos, llevan cinco años, cinco años con todos sus meses y con todos sus días, tratando de obligar al gobierno federal a que muestre todo lo demás que mantiene oculto, a cuántos periodistas más les pagó, dónde están los contratos con que se les pagaba y cuáles eran los términos a los que ellos se comprometieron, qué tenían que hacer para recibir ese pago, etc. Cinco años en los que por supuesto el gobierno norteamericano se ha negado a entregar la información que tiene sobre ese aspecto tan decisivo para el caso.
 Está muy bien argumentado en el escrito presentado por Weinglass a nombre de Tony que esta acción por parte del gobierno hacía imposible cualquier idea de justicia. Se supone que la imparcialidad de la justicia está en que  el acusado y el acusador se enfrentan en condiciones de igualdad ante un tribunal, presentan las pruebas, el tribunal las examina y se llega a una conclusión. Pero si el acusado tiene que defenderse además en el barrio, en la calle, en las esquinas, del ambiente que le crea el acusador, eso evidentemente vicia totalmente todos los principios de justicia que supuestamente rigen en aquel país. No es de extrañar que los medios, no sé si por solidaridad profesional, oculten eso, porque ahí está uno de los principales argumentos para ganar el caso: ellos fueron víctimas de una operación  deliberadamente concebida por el gobierno para condenarlos de antemano.
En el documento presentado a nombre de Tony hay una prueba que es aplastante a mi juicio. Hay muchas, pero hay una que a mí me llama la atención, en un momento del juicio la fiscalía trata de introducir un material del grupo terrorista que había estado involucrado en el  incidente, la defensa se opuso aduciendo que eso iba a prejuiciar a los miembro del jurado contra su defendido, la jueza le dio la razón a quien entonces era el abogado de Gerardo y prohibió que el material se presentara. Terminó la sesión del juicio, se fueron los jurados para su casa y en cuanto encendieron la televisión vieron  en el canal 23 ese material. ¿Quién se lo dio a ese medio de televisión? ¿De dónde lo sacaron si la jueza decidió que no podía  ser mostrado? Este es sólo un ejemplo, se puede hacer una relación interminable de momentos en los cuales estaba más que justificada la anulación completa de aquel juicio.
En los últimos días Lenny estaba empeñado en que estos temas que les he mencionado se presentaran del modo más convincente , más sólido ante el tribunal, ahora que está en la etapa de las acciones extraordinarias del llamado Habeas Corpus que hasta ahora ha sido presentado por Gerardo y por Antonio. Yo no sé cuál de los documentos estaba leyendo en esa foto, pero lo que sí nos ha dicho la compañera más cercana a él, la que estuvo siempre acompañándolo en estos días,  es que era un documento relacionado con la apelación de los compañeros.
Yo creo que si queremos de verdad rendirle, no tributo ni homenaje, pero sí cumplir con él, comprometámonos a hacer un poquitico más para que estas cosas, esas grandes lagunas, esos misterios que la gente no conoce, que los medios no les permiten conocer, lleguen al conocimiento de todos, porque mientras no los descubra no será capaz de movilizar y de actuar para que se haga justicia.
Nosotros nos hemos acostumbrado a hablar de los cinco héroes, pero en realidad son seis. Lenny era el sexto héroe, él no estaba prisionero en las cárceles del imperio, pero entregó su vida para salvar a los otros cinco y lo menos que merece es que nosotros tratemos de imitarlo aunque sea un tantito así.
Muchas gracias.

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