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Burlando el cerco: Humor sin barreras de Gerardo Hernández Nordelo

Carina Pino Santos
Burlando el cerco: Humor sin barreras de Gerardo Hernández Nordelo
Fecha: 2011-06-12

Carina Pino Santos
“El humor libera”  afirma con certeza el cubano Gerardo Hernández Nordelo quien cumple la tan aterradora como injustísima condena de dos cadenas perpetuas más 15 años preso en esa pavorosa edificación de concreto rodeada por varias millas de alambres de púas que es la Penitenciaría Federal en Victorville, enclavada en una zona desértica de California, en los Estados Unidos.

Pero para Gerardo, uno de los cinco héroes cubanos presos en cárceles de los Estados Unidos, la risa necesaria no es mera frase y hay verídicas pruebas de ello. Veintiún dibujos humorísticos de Hernández
Nordelo integran la galería que, desde el reciente 4 de junio, fecha de su onomástico, se puede ver en la Unión de Periodistas de Cuba y que luego recorrerá otras instituciones.  A solo unas horas de exhibida esta, otra muestra suya titulada Humor desde el Encierro se abrió en la Galería SPARC, otrora cárcel en el Boulevard de Venice, California. Antigua prisión transformada en espacio para el arte por la artista Judy Bacca.

De modo que, mientras creadores del Círculo de Humoristas e Historietistas de la UPEC pintaban varias telas con regocijante humor para celebrar el cumpleaños 46 de Gerardo y felicitaban de esta manera
el inmediato de Ramón Labañino, relevantes personalidades del mundo del cine y arte estadounidense se encaminaban a la galería en Venice, para asistir, como parte del Comité Honorario de Actores y Artistas Unidos por la Libertad de los Cinco Cubanos (integrado por Susan Sarandon, Martin Sheen, Danny Glover, Oliver Stone, entre otros reconocidísimos artistas) a la otra apertura de exhibición de dibujos, a más de un centenar de kilómetros de donde está prisionero el héroe cubano.

Simultáneamente al acto en los jardines de la Casa de la Prensa que se transmitió por la radio con trovadores, repentistas, poetas ante público, periodistas y los familiares de los Cinco, los humoristas
cubanos trabajaban en sus obras, con estas daban continuidad a un tema por la paz que se incluyó en la XVII Bienal del Humor de San Antonio de los Baños. Sus telas conformarán fondos para la UPEC y se espera que se realice una muestra colectiva de estos trabajos y los de la bienal para integrarlos en una exhibición única en el futuro.

Otras acciones gráficas se sumaron. El semanario humorístico Palante abrió un buzón para enviar mensajes a Gerardo, también se editó en la web una galería internacional de humorismo gráfico contra el terrorismo y por la paz, que puede verse en el sitio de Juventud Rebelde (Dedeté con Gerardo), al que ya han enviado sus obras Allan Mac Donall de Honduras y el argentino Miguel Repiso. Toda esta
actividad de humoristas tendrá  una continuidad el 13 de junio, durante el tercer Encuentro Juvenil Internacional de Solidaridad con los Cinco, cuando se realice una conferencia sobre el humor gráfico
cubano y su tradición antimperialista. Además se podrá participar en un foro que hallará presencia en Internet y se publicará esta galería en  redes sociales como Twitter y Facebook.

Un yanqui cuya espina atragantada en plena nuez de la garganta asume la forma de Cuba, un magnífico logotipo de silueta de guitarra cuyas cuerdas son las franjas extendidas de la bandera cubana, entre dos
decenas de caricaturas fruto de la voluntad y esfuerzo creativo de Gerardo, quien las ha realizado en las lóbregas condiciones de una prisión, nos hablan de que, efectivamente, El amor y el humor todo lo
pueden, como se titula un libro de dibujos humorísticos de su autoría.

Habría que decir, de paso, que su incursión por la creación humorística en la plástica no es precisamente improvisada, de esto da fe un colega, el humorista gráfico Narciso Martínez Nicolau, conocido como Narciso quien, en breve entrevista en los jardines de la UPEC, me contó cuando en 1986 Gerardo formaba parte de un grupo llamado Aspirina integrado por Lázaro, Adán, Reynold, Loren, así como Narciso que frecuentaban  la primera sede del periódico Tribuna de La Habana, cuyo dominical tenía una página dedicada al humor.

Mientras aplica con pincel acrílico verde para delinear a Pepino, creación de Gerardo Hernández, que ahora el humorista incluye en su lienzo, Narciso me describe a este personajillo como inteligente y muy
práctico para buscar las mejores soluciones ante lo que le acontece. Depende del caso, pienso, cuando observo una caricatura del 87 (de Gerardo Hernández) donde su avispado Pepino presto a bañarse mira
contrariado a la ducha de teléfono por donde sale una inesperada voz que le advierte: “le informamos que el agua va a demorar un poco.”

Solo personas excepcionales pueden lograr volver a hacernos reír muchos años después en situaciones tan incomparables como estremecedoras como las que enfrenta desde hace 13 años Gerardo.

A la entrada de la exposición  el título de la muestra Humor from my Pen, está presidida por una foto de Gerardo Hernández Nordelo con un pajarillo posado en su cabeza, foto que acompaña pintura similar en la pared opuesta, una caricatura de Laz.

Foto y caricatura se basan en que a la actividad creativa de humor de este cubano le acompaña una sensibilidad y hecho inusual. La historia es conocida por algunos lectores ( http://www.cubadebate.cu), pero no deja por ello de ser sumamente curiosa.

Sucedió cuando un preso rescató de un nido destrozado en el techo de la prisión de Victorville un pichón, ¿cómo salvarlo?, preguntó Lira, su bienhechor; los otros prisioneros le aseguraron que Gerardo lo
cuidaría. Así fue. Llegó el 4 de junio, día de su cumpleaños, y él le bautizó como Cardenal, pues le pintó la cola para diferenciarlo de otros cuando volaba fuera. Fue alimentado y cuidado con esmero por él.
De modo que el pajarillo se acostumbró a acompañarle tras las rejas. Tras varios sucesos increíbles más verídicos en los que Cardenal distinguía entre muchas celdas idénticas la de su amigo cubano, adonde
siempre regresaba, fatídicamente todo cambió. Un día fue anunciado un método carcelario propio del penal: la incomunicación.

Los carceleros llegaron a la celda de Gerardo o Cuba como le dicen allí los presos, y con honestidad él les dijo que se acompañaba de un pajarito (allí estaba la caja donde dormía). Como la avecilla no se dejaba atrapar por los custodios, ellos condujeron al cubano a la entrada del pabellón para que lo soltara.

Los presos, que desconocían lo que sucedía, vociferaron: ¡Se llevan a Cuba y al pajarito al hueco! Y comenzaron a aporrear desesperadamente los barrotes. El guardia les gritó que no, ya que solo iban a dejar libre al ave.

Cardenal no pudo regresar nunca. El lockdown duró un mes. Según se lee en la crónica el ave había acompañado a Gerardo desde el día de su cumpleaños (4 de junio) hasta el 16 de julio, solo un día después del aniversario de matrimonio de él y su esposa Adriana.

No ha sido ciertamente esta la única e impar historia que he conocido protagonizadas por un pájaro, un creador cubano y la libertad. La otra la escuché en su propia voz al  talentoso artista hispano-cubano, José Luis Posada. Fue en una inolvidable tarde  mientras varias palomas revoloteaban en la azotea del restaurante El Patio, en la Plaza de la Catedral, donde se hallaba el estudio del artista.

El Gallego Posada, excepcional dibujante humorista, caricaturista, grabador, me contó cuando vivía un hecho que consideraba mágico pero que había sucedido en realidad. Ahora me resulta una cita obligada.
Sucedió cuando Posada era niño al término de la Guerra Civil Española. Los franquistas tomaron una aldea, al lado de Galicia y deciden fusilar un canario en su jaula. Y es que el pajarito había pertenecido
a un maestro que había logrado escapar de los fascistas, pero antes, el republicano había enseñado al canario a tararear La Internacional y el ave la modulaba muy clara. Y entonces los franquistas se llevan al canario y lo fusilan contra un árbol en la plaza de la iglesia.

De vuelta al tema del cumpleaños de Gerardo. En medio de la gente que circula por la muestra, de los músicos preparando sus instrumentos, de los humoristas aplicando acrílico con sus pinceles, encuentro a
Graciela Ramírez -coordinadora del Comité Internacional por la Libertad de los Cinco-. “Gerardo tiene 46 años y está preso desde que tenía 33 -me expresa-. Amado por su pueblo, reclamado por más de tres mil intelectuales, por miles y miles de personas en el planeta, por todos los gobiernos del
Alba, por los parlamentos de América Latina, por colegios de abogados, se le ha negado hasta la visita de su esposa. No pudo ver ni despedirse de su madre antes de morir, y el gobierno de Estados Unidos
le niega un recurso de habeas corpus. Y es él quien hace estos trabajos llenos de humor, de sensibilidad, que hoy estamos viendo aquí” -afirma con pasión la activista.

Que el humorismo nos libera es ciertamente una afirmación que conocemos en una Isla, cuya tradición identitaria desde la colonia hasta hoy nos ha entrenado en la extroversión y la risa para afrontar
embates sociales, políticos, económicos, éticos y emocionales. El nuestro, como sabemos los que hemos nacido aquí en el Caribe, es un choteo salvador ante cualquier incidente a la vez que nos deja siempre
un margen para la reflexión imprescindible.

Humor, la risa como terapia, leves pajarillos temidos o asesinados por hombres armados. ¿Quién dijo que la poesía no era real? Algo así debió motivar al poeta Roque Dalton cuando escribió cierta vez que el
comunismo será, entre otras cosas, una aspirina del tamaño del sol.

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