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No agradezcan el silencio

No agradezcan el silencio

Quienes visiten el «hueco» nacido de la sensibilidad humana y artística de Kcho podrán testificar mejor la inmensa dignidad de cinco hombres a quienes se les pretendió doblegar. No es lo mismo que se cuente lo vivido a que cada quien lo viva; que sienta, aunque sea por breves minutos, el drama de vivir de ese modo

6 de Abril del 2014 0:19:32 CDT

Los uniformes naranjas, las alambradas, el espacio reducido, el duro protocolo de las cárceles de máxima seguridad estadounidenses. Dos hombres visten las ropas de reos y siguen el ritual; desde afuera se asiste a lo que Fernando González resumió como «una experiencia horrorosa». Antes de que inicie la acción plástica, Kcho (Alexis Leiva Machado) va de un lado a otro, ultima detalles. René y Fernando apoyan con sus presencias, como antes hicieron con sugerencias al artista. Los familiares de ellos y de Gerardo, Antonio y Ramón completan el cuadro familiar al que todavía le faltan tres de sus miembros.

No agradezcan el silencio convocó este sábado a muchos al Museo de Bellas Artes. Flashes, grabadoras, periodistas, por doquier… Kcho y René entran a El Hueco, se escapan, necesitan un segundo antes de que todo comience. Pero en El Hueco recreado por el artista, como aquel donde los Cinco fueron confinados durante 17 meses, las cámaras todo lo ven. Desde afuera es posible asistir a ese último minuto. René ordena las piezas del ajedrez de cartón. Es fácil adivinar el torrente de emociones: es un tablero igual al que construyó hace 15 años atrás. Cuántos recursos usaron para sobrevivir en tan difíciles condiciones. Mientras René parece que acaricia el caballo o el alfil, Kcho le susurra, quizá le cuenta cómo serán las cosas. Se abrazan en ese espacio simbólico y es un modo de acercar a los tres hombres que nos faltan, Gerardo, Antonio y Ramón.

Afuera, Fernando está seguro de que no es lo mismo que se cuente lo vivido a que cada quien lo viva; que sienta, aunque sea por tan breves minutos, el drama de vivir de ese modo…

Después se escucha una voz amenazante: «Abra la boca, saque la lengua, sacúdase el pelo y las orejas, vírese de espalda…». Dos hombres se ponen en la piel de esos héroes que no claudicaron, y el uniforme naranja deja de ser una imagen lejana. Las cadenas, los portazos de los carceleros, el paso corto a que son obligados los reos esposados, el candado gigante que les cuelga de la cintura. Siguen las normas. Como los Cinco, los personajes no se quejan, pero tampoco van con la cabeza baja.

Los videos de seguridad dan cuenta de lo que ocurre. René y Fernando saben exactamente lo que viven quienes los representan. Se ven serios —cada uno cumplió íntegramente su injusta condena—, pero Gerardo, Tony y Ramón pueden en cualquier momento volver a celdas de castigo, porque aún están tras las rejas de prisiones estadounidenses.

La instalación reprodujo cada detalle: el piso de cemento sin pulir y aparentemente mojado, el sanitario de aluminio, el óxido de la llave de la ducha, las cucarachas en la pared, la cama de hierro empotrada, el fino colchón, el rollo de papel higiénico, el banco fundido, la pequeña mesa, el ajedrez y el diminuto lápiz… Todo dispuesto como fue entonces, en un espacio que aprisiona sin necesidad de rejas, aunque están.

Sin embargo, los hombres de la representación tampoco se ven derrumbados: descansan en las incómodas camas, conversan, usan el tablero de cartón… Nunca se convierten en lo que sus carceleros quisieron. Como tampoco lo hicieron ni lo han hecho los Cinco más de 15 años después. Y Kcho, cuando estuvo frente a todos, lo primero que hizo fue dedicarle la obra a Fidel, por su espíritu de lucha.

Espacio para la reflexión

El teléfono suena con insistencia. No voy a cogerlo, pensó (Kcho) en la mañana de este sábado mientras lo absorbían los pensamientos sobre No agradezcan el silencio, que fue inaugurada en horas de la tarde.

«A la tercera llamada levanté y era Antonio: “Estoy aquí celebrando porque esto hay que celebrarlo. Dime de mis acuarelas. Aprendí en la cárcel…” “Usted es tronco de acuarelista”, le dije… “Ahora voy a pintar el juicio, así que tienes que hacer un tribunal…” “Vamos a hacerlo”, respondí». Este intercambio de palabras entre dos grandes cubanos y artistas fue narrado por Kcho durante la presentación al público de El Hueco.

Kcho contó su emoción, porque sintió extraordinario el ánimo de la voz que le llegaba del otro lado de la línea; que Tony, en las condiciones en las que pasa sus días, haya tenido ese gesto de amor, que solo habla de la sensibilidad de sus hermanos y la propia.

Me siento diferente después de haberlo escuchado, aseveró al hablar de Guerrero, y exaltó la confianza de este en la victoria. Con la espontaneidad que lo distingue y ante la presencia de decenas de personas que acudieron al Museo, entre las que se encontraban Miguel Díaz-Canel, Primer Vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros; Abel Prieto, asesor del Presidente cubano; Julián González Toledo, ministro de Cultura, y Miguel Barnet, presidente de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac), Kcho se refirió al proceso de creación de esta colosal obra que, sin lugar a dudas, contribuirá a fortalecer la solidaridad con Ramón, Antonio y Gerardo, quienes aún permanecen presos injustamente.

No agradezcan el silencio es un espacio para el amor, la paz y la reflexión, un espacio del arte contra la injusticia, creado para reflexionar individualmente sobre el hecho concreto del confinamiento en solitario al que los Cinco estuvieron sometidos como castigo antes de ser llevados a juicio.

El artista expresó que las sensaciones individuales, generadas por la participación del espectador cuando visite la instalación, o cuando decida pasar cinco minutos por la terrible experiencia vivida por los Cinco, construirán un mensaje colectivo de denuncia, una acción del arte contra la injusticia. Luego invitó a los presentes a entrar a El Hueco.

Una llamada de Gerardo a su esposa Adriana paralizó por unos minutos a los presentes. Aquí están todos, le decía ella: los familiares de los Cinco, los periodistas, todos… Y pasó el teléfono a Kcho: Para mí es un honor inmenso hablar contigo, me siento cada día más cubano, hermano. Te estamos esperando y vamos a seguir batidos todos los días. Esta obra es para Fidel y su espíritu de combate, le oímos decir a Kcho, quien afirmó que Gerardo mandó saludos para el dedeté en su 45 aniversario y a la periodista Rosa Miriam Elizalde por la defensa de su tesis doctoral, apuntó.

Como el recuerdo de una batalla que ganamos calificó René la sensación que experimentó al entrar a la instalación. Eso fue lo que sentí, dijo, y expresó: esperamos que la obra cumpla su cometido, que no es otro que romper el muro de silencio que existe en el pueblo norteamericano alrededor de los Cinco.

Siempre digo que éramos felices antes de entrar al Hueco y los somos después de haber salido porque Estados Unidos no tiene fuerza moral para quitarnos esa felicidad. Queremos que las personas se sensibilicen, investiguen y documenten sobre el caso, enfatizó René.

Nada como experimentarlo en carne propia al menos unos minutos, dijo Fernando, pues ello contribuirá a una mayor solidaridad y fuerza en la lucha.

«Algo debe andar muy mal en ese sistema para que un artista como Kcho tenga que poner su talento para reflejar una experiencia horrorosa», manifestó a los asistentes.

En un aparte con JR, Fernando aseveró que es impresionante el trabajo que hizo Kcho al reproducir una buena parte de lo que se siente al estar en un lugar como ese. Reprodujo las circunstancias de la manera más fiel posible, basándose en dibujos e informaciones nuestras. Vine antes de que se terminara, pues tuvo la gentileza de mostrárnoslo, y le trasmitimos algunas evidencias.

Las acuarelas de Tony son la guía del recorrido en este espacio; y aunque nos faltan tres, los Cinco se las agencian para estar unidos, para hablarnos de su verdad, esta vez desde el arte, y seguir recabando el imprescindible jurado de millones de personas que se necesitan para traerlos de vuelta a casa.

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